miércoles, 15 de abril de 2015

Diario de Jeremías Hernández Carchena


Jeremías Hernández Carchena (Fuentelapeña, 7-6-1911 – Medina del Campo, 19-4-1963). Militar de circunstancias debido al alistamiento general al iniciarse la Guerra Civil, formará parte del Ejército Nacional al quedar encuadrada Fuentelapeña, y por extensión la provincia de Zamora, dentro del bando sublevado.

Tras iniciar su periplo guerrero por Guipúzcoa y Vizcaya (entró en Guernica poco después del bombardeo y conoció de primera mano la toma de Bilbao), y después de visitar el desolado frente de Brunete en el verano de 1937, pasará a finales de año a las proximidades de la ciudad de Teruel.

Será aquí, y a lo largo de casi un año, donde escriba día a día su Diario en el que, se alternan hechos bélicos de primera línea con vivencias cotidianas de cualquier soldado en época de guerra más allá de los ataques, las bombas y la sangre.

En todo momento rezuma su humanismo, plasmado en numerosos pasajes del Diario, propio del sentir de un hombre muy religioso, aunque, sorprendentemente, de la fe anglicana.

Acabada la guerra, y sin querer jamás hablar de ella, conservó el Diario oculto a sus hijos hasta su muerte. Con el paso de los años, y tras fallecer su mujer, el Diario recobró la luz.




Próximamente disponible en las librerías "A pie de página" y en librería Margen en Valladolid. Si lo desea también puede solicitarlo al autor a la dirección rhgarcia75@gmail.com

Sobre el autor

Ricardo Hernández García (Valladolid, 16-8-1975). Profesor Titular de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad de Valladolid, aunque por lo que respecta a este libro su principal punto de unión es el hecho de ser uno de los cinco nietos del autor del libro, Jeremías Hernández Carchena.

Tras cederme mis tíos Julián y Jeremías, y mi padre Vicente, la custodia del Diario, tuvieron que pasar varios años hasta que, liberado de diferentes cargas (profesionales, anímicas, sentimentales, emocionales, etc.), pude ponerme manos a la obra y empezar su transcripción.

Si bien al comienzo, y debido a la lejanía temática en la que yo acostumbro a moverme (el siglo XVIII), sólo pensaba trascribir el texto, a medida que pasaba el tiempo comprendía que eran necesarias unas mínimas notas a pie de página para entender mejor el contexto general en el que se inscribe la acción que escribe mi abuelo en su Diario. El siguiente paso, éste ya profesional, fue introducirme en diferentes archivos en busca de respuestas a preguntas que surgían de la lectura del Diario.

El resultado de todo ello, junto a la gran ayuda prestada por muchos historiadores amigos, es el que se presenta en este libro.